👀🙈🙊Mi primer encuentro con las abejas: una experiencia que jamás olvidaré 😖😂😍
Si me preguntan cuándo comenzó realmente mi camino en la apicultura, mi mente viaja inmediatamente a los primeros meses de la pandemia.
Por aquel entonces vivía en Quito y, aunque hoy las abejas forman parte importante de mi vida, en ese momento sabía muy poco sobre ellas. No conocía cómo funcionaba una colmena, no distinguía las diferentes castas de abejas y mucho menos entendía el comportamiento de una colonia.
Fue mi hermano quien me abrió la puerta a este mundo. Gracias a él conocí a un hombre que, con el tiempo, se convertiría en una especie de maestro y guía para nosotros. Era de esas personas que no solo poseen conocimientos, sino también la experiencia que solo se obtiene después de muchos años trabajando con abejas.
Recuerdo perfectamente el día en que nos llevó a visitar una colmena por primera vez.
Antes de llegar imaginaba algo completamente distinto. Pensaba que bastaba con acercarse y observar. No tenía idea de la importancia de usar un traje adecuado, buenos guantes y botas apropiadas. Esa fue una de las primeras lecciones que aprendimos.
Cuando llegó el momento de abrir la colmena, ocurrió algo que jamás olvidaré.
Las abejas comenzaron a salir y muchas se dirigieron directamente hacia nuestros velos. Revoloteaban frente a nuestros rostros, golpeaban la malla protectora y algunas intentaban picar. En ese momento yo las consideraba simplemente "agresivas". Aún no entendía que las abejas reaccionan para defender su hogar cuando perciben una amenaza.
Entonces percibí algo nuevo para mí: el olor del veneno de abeja.
Es difícil describirlo con palabras, pero recuerdo claramente cómo ese aroma llegó a mi nariz y provocó una reacción inmediata en mi cuerpo. Sentí que el corazón se aceleraba. Quise alejarme. Sentí miedo intenso, respeto, impresión y curiosidad al mismo tiempo.
Hasta hoy, años después, sigo recordando aquel olor.
Las picaduras tampoco faltaron. 😆 Algunas alcanzaron mis manos y mi cuello. Mi hermano tampoco salió ileso; recibió una picadura en cada oreja, algo que todavía recordamos entre risas.
Sin embargo, más allá de las picaduras, aquel día nos dejó enseñanzas importantes.
Aprendimos que las abejas deben manejarse con respeto. Aprendimos la importancia del equipo de protección y comprendimos que el humo, cuando se utiliza correctamente, puede ayudar a trabajar con mayor tranquilidad.
También descubrí algo que entonces desconocía: no todas las abejas tienen el mismo comportamiento. Con el tiempo entendería que existen líneas genéticas mucho más dóciles y manejables.
Pero hay una frase de nuestro maestro que recuerdo especialmente.
Antes de acercarnos a las colmenas nos dijo:
"Ustedes van a venir una sola vez. Después de esto les va a dar miedo y no van a querer regresar."
Se equivocó.
Volvimos para la siguiente clase.😂
Y para muchas más.
Porque, a pesar del miedo, de las picaduras y de la intensidad de aquella primera experiencia, algo había despertado dentro de nosotros.
Sin saberlo, ese día comenzó una pasión que continúa creciendo hasta hoy.